• LA GUERRA NUCLEAR BORRADA DE LA HISTORIA

    Hiroshima no fue el inicio.
    Fue el aviso.

    La versión oficial insiste en que la era atómica nació en 1945, pero los registros antiguos —los que no entran en los libros escolares— cuentan otra historia: la Tierra ya fue incendiada por el átomo mucho antes de la civilización moderna.

    Los textos sagrados no son metáforas.
    Son informes cifrados.

    El Mahabharata describe armas que “apagaban el sol”, explosiones capaces de derretir metales, sombras humanas grabadas en piedra, cuerpos que perdían cabello y uñas mientras seguían con vida. Eso no es mito.
    Es radiación.
    Es síndrome agudo.
    Es tecnología avanzada.

    Las tablillas sumerias hablan del Viento Maligno: una muerte invisible que cruzaba ciudades sin derribar edificios. La gente caía, las estructuras quedaban en pie. Exactamente lo que hace una detonación de neutrones. Limpieza precisa. Silenciosa. Irreversible.

    No mires los libros.
    Mira el suelo.

    Arenas vitrificadas en Mesopotamia.
    Vidrio verde enterrado en desiertos milenarios.
    Anomalías radiactivas en zonas del Mar Muerto que no encajan con ningún proceso geológico natural.
    No fueron relámpagos.
    No fueron volcanes.
    Fueron detonaciones.

    Los Anunnaki no se retiraron firmando tratados. Se retiraron quemando sus propios dominios. Borraron linajes, sellaron laboratorios, eliminaron testigos. La verdadera Primera Guerra Mundial no fue humana: fue una guerra de dioses contra dioses, librada con un poder que la humanidad tardaría miles de años en volver a rozar.

    El gran engaño no es decirnos que la bomba es nueva.
    El gran engaño es hacernos creer que la inventamos nosotros.

    La historia oficial funciona como un cortafuegos.
    Pero bajo las ruinas, el secreto sigue ardiendo.

    La pregunta no es si ocurrió.
    La pregunta real es: qué despertó entonces… y por qué temen que vuelva a despertar ahora.
    LA GUERRA NUCLEAR BORRADA DE LA HISTORIA Hiroshima no fue el inicio. Fue el aviso. La versión oficial insiste en que la era atómica nació en 1945, pero los registros antiguos —los que no entran en los libros escolares— cuentan otra historia: la Tierra ya fue incendiada por el átomo mucho antes de la civilización moderna. Los textos sagrados no son metáforas. Son informes cifrados. El Mahabharata describe armas que “apagaban el sol”, explosiones capaces de derretir metales, sombras humanas grabadas en piedra, cuerpos que perdían cabello y uñas mientras seguían con vida. Eso no es mito. Es radiación. Es síndrome agudo. Es tecnología avanzada. Las tablillas sumerias hablan del Viento Maligno: una muerte invisible que cruzaba ciudades sin derribar edificios. La gente caía, las estructuras quedaban en pie. Exactamente lo que hace una detonación de neutrones. Limpieza precisa. Silenciosa. Irreversible. No mires los libros. Mira el suelo. Arenas vitrificadas en Mesopotamia. Vidrio verde enterrado en desiertos milenarios. Anomalías radiactivas en zonas del Mar Muerto que no encajan con ningún proceso geológico natural. No fueron relámpagos. No fueron volcanes. Fueron detonaciones. Los Anunnaki no se retiraron firmando tratados. Se retiraron quemando sus propios dominios. Borraron linajes, sellaron laboratorios, eliminaron testigos. La verdadera Primera Guerra Mundial no fue humana: fue una guerra de dioses contra dioses, librada con un poder que la humanidad tardaría miles de años en volver a rozar. El gran engaño no es decirnos que la bomba es nueva. El gran engaño es hacernos creer que la inventamos nosotros. La historia oficial funciona como un cortafuegos. Pero bajo las ruinas, el secreto sigue ardiendo. La pregunta no es si ocurrió. La pregunta real es: qué despertó entonces… y por qué temen que vuelva a despertar ahora.
    0 Comentarios 0 Compartidas 368 Vistas
  • El Guerrero del Fuego: la leyenda de Itzpapálotl y el rayo de obsidiana

    En las noches más oscuras, cuando el cielo parece hecho de piedra, los antiguos mexicas hablaban de Itzpapálotl, la mariposa de obsidiana. No era dulce ni frágil. Era temida. Hermosa y letal. Dicen que su verdadera forma era la de un ser alado, con cuchillas de obsidiana por brazos, capaz de rasgar el cielo con un solo movimiento.

    Ella reinaba sobre el Tamoanchan, un paraíso sagrado donde nacieron las flores, el pulque… y la promesa de vida eterna. Pero ese paraíso no era para cualquiera. Solo los guerreros verdaderos, los que habían dado todo en batalla, podían entrar. Y aún así, debían enfrentarse a ella.

    Cuenta la leyenda que un guerrero mortal, Cuauhtli, quiso lo imposible. No buscaba entrar al Tamoanchan por gloria, sino por ambición. Quería robar el rayo de obsidiana, un objeto sagrado que guardaba la esencia misma de Itzpapálotl.

    Llegó al umbral del paraíso, cruzó sombras y cantos antiguos. Y cuando estuvo frente a ella, no dudó. Tocó el rayo. Solo por un instante. Pero eso bastó.

    Un fuego celestial lo envolvió. Su cuerpo ardió, su alma se encendió. Y entonces, se alzó al cielo… convertido en estrella.

    Desde entonces, decían los abuelos, que cada estrella fugaz es un guerrero como Cuauhtli: una chispa que intenta regresar al paraíso, pero que arde antes de lograrlo.

    Itzpapálotl sigue ahí. En lo alto, cortando el viento con sus alas afiladas, cuidando lo sagrado. Y recordando a quienes intentaron robar lo que solo se entrega a quienes saben morir con honor.

    #MisteriosAntiguos #Mesopotamia #HistoriaDelTiempo #ImperioMexica
    El Guerrero del Fuego: la leyenda de Itzpapálotl y el rayo de obsidiana 📜 En las noches más oscuras, cuando el cielo parece hecho de piedra, los antiguos mexicas hablaban de Itzpapálotl, la mariposa de obsidiana. No era dulce ni frágil. Era temida. Hermosa y letal. Dicen que su verdadera forma era la de un ser alado, con cuchillas de obsidiana por brazos, capaz de rasgar el cielo con un solo movimiento. Ella reinaba sobre el Tamoanchan, un paraíso sagrado donde nacieron las flores, el pulque… y la promesa de vida eterna. Pero ese paraíso no era para cualquiera. Solo los guerreros verdaderos, los que habían dado todo en batalla, podían entrar. Y aún así, debían enfrentarse a ella. Cuenta la leyenda que un guerrero mortal, Cuauhtli, quiso lo imposible. No buscaba entrar al Tamoanchan por gloria, sino por ambición. Quería robar el rayo de obsidiana, un objeto sagrado que guardaba la esencia misma de Itzpapálotl. Llegó al umbral del paraíso, cruzó sombras y cantos antiguos. Y cuando estuvo frente a ella, no dudó. Tocó el rayo. Solo por un instante. Pero eso bastó. Un fuego celestial lo envolvió. Su cuerpo ardió, su alma se encendió. Y entonces, se alzó al cielo… convertido en estrella. Desde entonces, decían los abuelos, que cada estrella fugaz es un guerrero como Cuauhtli: una chispa que intenta regresar al paraíso, pero que arde antes de lograrlo. Itzpapálotl sigue ahí. En lo alto, cortando el viento con sus alas afiladas, cuidando lo sagrado. Y recordando a quienes intentaron robar lo que solo se entrega a quienes saben morir con honor. #MisteriosAntiguos #Mesopotamia #HistoriaDelTiempo #ImperioMexica
    Like
    1
    0 Comentarios 0 Compartidas 1K Vistas
El Cotorreo.Net https://elcotorreo.net